Una mañana cualquiera sucedió el milagro. De la crisálide oscura que había soportado todo tipo de calamidades climáticas salió esta mariposa monarca (Papilio macaon) majestuosa, valga la redundancia. Qué nervios; ya había dejado atrás la crisálide. Corrimos a por la cámara, a hacer una primera foto temblorosa.

Luego con el trípode, otra un poco más pensada.

La asustamos, cayó al suelo, la pudimos recoger y colocar en un palo que le diera firmeza.

Imagen de nuestra macaoncita. Dejamos el palo a resguardo de las vistas, pero suficientemente despejado para que pudiera volar sin obstáculos.

Nuestros quehaceres cotidianos nos obligaron a irnos. A la vuelta, dos horas después, ya no estaba...